Una mirada a la Iglesia Maradoniana, hoy que su Dios trascendió

Con la muerte del futbolista argentino, este culto religioso exacerba su fervor con una serie extravagantes costumbres y rituales. Aquí una aproximación a su fe futbolera.

Era 30 de octubre de 1998 en Rosario, Argentina, cuando dos amigos del barrio se cruzaron por la calle y uno le dijo al otro “Hola Héctor, ¡Feliz Navidad!”. Confundido, Héctor le respondió a Hernán con un “pero qué decís… ¿qué tomaste?”, seguramente juntando los dedos en un montoncito y moviendo la muñeca de arriba abajo, en típico gesto che. Pero al instante captó la broma: ese 30 de octubre se celebraba un año más del nacimiento de su Dios particular, del Mesías zurdo y con pelota: Diego Armando Maradona.

Ese día, Héctor Campomar y Hernán Amez se fueron a tomar una cerveza en conmemoración. Se les sumó Alejandro Verón, otro feligrés maradoniano. Y así se propusieron juntarse cada 30 de octubre para hacer el mismo ritual. Para el 2001, tres años después de su espontánea idea, ya estaban reunidos 120 devotos haciendo un brindis y mirando una y otra vez los videos de un Pelusa que ellos creían divino: regalando parábolas con el balón, regateando ligero como cuando Cristo caminó sobre las aguas, haciendo milagros frente a arcos rivales.

En un momento, Alejandro Verón hizo un ademán frente a los fieles a la manera sacerdotal. Poco les faltó a los asistentes para persignarse. De esa forma quedaba instaurada la Iglesia Maradoniana. Y su respectiva Navidad Maradoniana es recibida desde entonces a la medianoche con una cuenta progresiva del 1 al 10, para completar la referencia. Culto o parodia que, según estimados, hoy reúne a unos 40.000 seguidores en todo el mundo. Un número parecido al de la cienciología, para poner un ejemplo. Hay quienes juran que son más. Pero es difícil medir un fervor de ese tipo.

Puede sonar sectaria, delirante, kitsch, pero la Iglesia Maradoniana es realmente una cofradía que busca mantener encendida la pasión por Diego Armando Maradona, siempre dentro del marco futbolístico. Es decir, respetando todos los credos por igual. Verón, uno de sus fundadores, ha afirmado más de una vez tener al catolicismo como su “religión racional”. Lo maradoniano es más bien algo que le palpita desde el pecho. Mucho más cardiaco, emotivo.

De hecho, entre sus mandamientos porque los tienen, como cualquier religión que se respete está el “amar al fútbol por sobre todas las cosas”, “defender la camiseta Argentina, respetando a la gente”, o aquella que ordena “no proclamar a Diego en nombre de un único club”. Su fanatismo, entonces, debe ser único e inclusivo; no puede dividir a los hombres. Que lo digan el hincha de Boca y el de River que, fuera del funeral de Maradona en Casa Rosada el último jueves, se unieron en lloroso abrazo.

La Iglesia Maradoniana también tiene rezos, que en realidad son ingeniosas adaptaciones del Padre Nuestro, el Salve o el Credo. “Diego nuestro que estás en la tierra, santificada sea tu zurda, Venga a nosotros tu magia, háganse tus goles recordar, así en la tierra como en el cielo”, señala una de sus oraciones. Y otra: “Dios te salve pelota. Llena eres de magia, el Diego es contigo. Bendita tú eres entre todas las demás y bendito es el Diego que no te deja manchar”.

Las celebraciones forman parte inseparable de su vida. Además de la Navidad Maradoniana conmemorada cada 30 de octubre, como ya se dijo, tienen sus propias Pascuas todos los 22 de junio, para rendirle honores al día en que Diego expulsó a los ingleses del templo (el Estadio Azteca). Esa tarde de 1986 Maradona anotó sus dos tantos más recordados, el de la Mano de Dios y el Gol del Siglo: los extremos del espectro, la trampa y el milagro. Y los maradonianos se juntan para repetir sin cansancio las imágenes, incluido el famoso relato de Víctor Hugo Morales, aquel del “barrilete cósmico” y las lágrimas.

Aunque la génesis de la Iglesia Maradoniana está en el barrio rosarino de La Tablada, hoy por hoy no tiene una sede fija. Para las ceremonias, sus miembros arman unos templos itinerantes e improvisados, desempolvan túnicas, les prenden velas a los retratos de su Dios, y así celebran extravagantes bautizos, incluso casan a parejas unidas por el amor a Diego Armando.

También se ha expandido fuera de los territorios argentinos, mediante la prédica y el apostolado pelotero. Es posible encontrar maradonianos en España o en Italia, países donde el 10 derrochó su talento; pero es sobre todo en Latinoamérica la región que vive con más frenesí su adoración. ¿En el Perú? También hay devotos descorazonados con la muerte de su ídolo. El último miércoles, día en que dejó estas canchas, un grupo de ellos se reunió frente a la Embajada de Argentina cruce de las avenidas 28 de Julio y Arequipa, donde colocaron una imagen del futbolista para rendirle homenaje. Hubo llanto y aroma de inmortalidad. Quién podría cuestionarles esa fe.

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